Pablo Aldaco
Pablo Aldaco es un cantautor y poeta mexicano, nacido en marzo de 1989. ©
lunes, mayo 11, 2026
viernes, abril 17, 2026
La noche como territorio:
PALABRAS EN CAÍDA LIBRE DE PABLO ALDACO
Por Ramón Cuéllar Márquez
Pablo Aldaco siempre está explorando con la palabra como escudo y como espada. Desde la música, como cantante y compositor, siempre logra atraer con sus letras, pero con su poesía establece su reino de significaciones ante sus lectores.
Además, es un gran conversador que nos ofrece siempre la oportunidad de escucharlo desde sus idearios, sus sentidos amplios del instante en la realidad.
A él le interesa y le gusta la realidad, aunque esta esté a veces revestida de la oscuridad en tiempos terribles. Pero justamente por eso es poeta, porque puede viajar entre las tinieblas y apuntar con su linterna a quienes caminan a ciegas.
Él ha escrito un nuevo libro, “Palabras en caída libre”, que bien nos evoca el precipicio al que los vates se exponen cuando se lanzan a la nada en busca de claridad, de luz, pero sobre todo de precisiones estéticas o de poesía que cabalgue hacia el llano de nuestros pensamientos.
Los aforismos —poesía en realidad— presentados en este su libro construyen una visión del mundo donde el ciclo día-noche deja de ser un fenómeno natural para transformarse en un entramado simbólico de la experiencia humana.
No se trata solo de luz y oscuridad, no, sino de modos de habitar en esa realidad a veces tan elusiva: uno regido por la exposición, la actividad y cierta superficialidad que nos agobia en la vida diaria, y otro por la introspección, el riesgo y la creación poéticas.
En ese sendero, la voz poética no observa desde afuera, sino que participa, se inclina y toma partido con nosotros. El día aparece en varios momentos como un espacio de desgaste o de límite. Vaya, pues, no es negado, sí relativizado.
La idea de que “no solo se funciona de día” introduce una crítica a la lógica utilitaria que privilegia lo visible, lo productivo y lo socialmente validado.
Frente a ello, la noche se erige como un territorio alterno: más libre, pero también más exigente. No es un refugio romántico sin tensiones; al contrario, impone reglas rigurosas y demanda una forma distinta de atención.
En esta poética aldaquiana, la noche no es pasividad, sino intensidad, es el momento en que emergen las musas, donde el pensamiento se afina y la sensibilidad se vuelve más aguda porque es capaz de quitar las telarañas de la vieja casona de la eternidad.
El poeta aparece entonces como una figura liminal: alguien que habita cuando los demás duermen, que crea en el margen, protegido, también expuesto por las sombras. La imagen no es nueva en la tradición literaria, pero aquí adquiere una tonalidad particular al combinarse con elementos más instintivos: la fiera, el cuervo, el vampiro.
Lo nocturno no es solo intelectual, es también corporal, casi animal. Esta dimensión instintiva introduce un matiz importante: la noche no solo libera, también confronta. El sujeto que vaga libremente corre el riesgo de despertar sombras, y termina por reconocer que no hay enemigos externos, sino proyecciones de sí mismo.
Así, la oscuridad funciona como un espejo radical, pues nos deslumbra con su manto nocturno. Lo que en el día puede diluirse en la distracción o la rutina, en la noche se vuelve nítido, incluso incómodo. De ahí que el insomnio sea descrito como piel de fiera: no descanso, sino estado de alerta.
Sin embargo, la oposición no es absoluta. El amanecer irrumpe como una fuerza que restablece el orden, que determina la supervivencia. La noche, por intensa que sea, no puede sostenerse indefinidamente porque siempre hay un amanecer, pero no olvidemos que la luz es hija de la oscuridad.
De ese modo, introduce al amante de la noche que contempla el día no como redención, sino como una especie de pérdida. El regreso a la luz implica abandonar un espacio de autenticidad, aunque también signifique volver a lo habitable.
Estos aforismos de Pablo Aldaco, en conjunto, delinean una ética implícita: aceptar la noche no como evasión, sino como parte necesaria de la experiencia humana que busca el sentido en el instante.
Cobrar, digamos “amistad”, implica asumir sus riesgos y aprovechar sus posibilidades, como escribir, pensar, crear, cantar. La luz, por su parte, no desaparece, sino que se redefine.
No es solo el sol diurno, sino una capacidad interna, que brille lo que se mira. Con ello, la dicotomía se desplaza del exterior al sujeto, el mundo se vuelve uno mismo. Así, más que una simple colección de imágenes, el libro propone una forma de estar en el mundo.
La noche deja de ser ausencia de luz para convertirse en un espacio de revelación, donde lo humano se muestra en su dimensión más compleja: creadora, temerosa, lúcida y, sobre todo, consciente de sus propias sombras.
martes, abril 07, 2026
MUJICA: IDEALISMO Y ACCIÓN
lunes, abril 06, 2026
DESPUÉS DE LA PANTALLA.
domingo, marzo 15, 2026
sábado, marzo 14, 2026
MÚSICA PARA UNA TARDE NUBLADA
jueves, febrero 26, 2026
El poeta y cantautor sonorense Pablo Aldaco volvió a La Habana en un contexto particular. Su visita surgió a partir de una invitación formal a la Feria Internacional del Libro de La Habana, cuya cancelación en medio de afectaciones al suministro eléctrico en la isla, derivó en una agenda alternativa de actividades literarias y comunitarias.
Durante su estancia, Aldaco compartió contenidos de su libro Palabras en caída libre con estudiantes del Preuniversitario Tomás David Royo Valdés. El encuentro abrió un espacio de diálogo sobre procesos creativos, escritura contemporánea y proyección artística.
La visita incluyó una presentación en la peña Horizontes de Nuestra América, en Alamar, barrio del municipio Habana del Este. Ahí interpretó canciones propias ante un público intergeneracional, integrando la música a su práctica literaria.
Presentación en CubaPoesía
Uno de los ejes centrales de su paso por la capital cubana fue su participación en el Centro Cultural CubaPoesía, espacio que articula el Festival Internacional de Poesía de La Habana y diversas iniciativas de intercambio literario en la región.
En ese foro presentó Palabras en caída libre, acompañado por la poeta Xiomara Domínguez Calderón, quien estuvo a cargo de la presentación del libro.
El programa contó también con la presencia del poeta Alex Pausides, referente del movimiento poético cubano contemporáneo.
Asimismo, sostuvo instancias de diálogo con el poeta Karel Leyva, vinculado al proyecto CubaPoesía y activo en la escena literaria habanera, con quien estableció vínculos de colaboración.
Durante su estancia, Aldaco se reunió con el cónsul de México en La Habana, Ignacio Cabrera Fernández. En el encuentro dialogaron sobre política, arte y cultura, en el marco de las relaciones culturales entre ambos países.
En un escenario marcado por limitaciones logísticas ampliamente documentadas en la vida cotidiana de la isla, la agenda del poeta se orientó hacia espacios flexibles que sostienen la actividad artística y el intercambio intelectual.
El paso por La Habana se integra así a un recorrido internacional que combina producción literaria, presencia pública y desarrollo de proyectos interdisciplinarios.
“Aun con dificultades y obstáculos, el arte trasciende adversidades”, señaló Aldaco.
viernes, febrero 06, 2026
jueves, enero 29, 2026

Nos vemos en Santo Domingo, República Dominicana, en el paraninfo de la Facultad de Humanidades, Escuela de Letras, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la próxima semana.
viernes, enero 23, 2026
Olor a marihuana en Uruguay y hombres sin camiseta
En Montevideo, el aire es aire… y marihuana. En la rambla también. Fumar hierba es totalmente normal aquí; no hay escándalo ni dramatismo. La gente sigue viviendo su vida.
Un ruido me despierta del sillón negro donde
duermo, alrededor de las seis de la tarde. Son unos siete pibes, sin camiseta.
Cantan y aplauden una especie de himno, parecido al de las barras de los
hinchas. Alegran la calle de Hugo Pratto con esa energía despreocupada.
Hombres sin camiseta se ven por todas partes:
gorditos, flaquitos, rubios, adolescentes, musculosos; guapos, feos,
variopintos.
Al mismo tiempo, percibo muy poca violencia. Hay
un espíritu recreativo: familias, amigos, parejas que van a la arena con su
mate, un balón de fútbol, sillas de playa, agua mineral y cerveza. Skaters,
chicas patinando, niños jugando tenis cerca del Parque Rodó.
Dos chicos con mochila, antes de recorrer la
rambla en bicicleta, encienden un pucho de marihuana, se ríen… y se van.
Laureles, Medellín: la vida después de Buenos Aires.
En el barrio de Laureles, en Medellín, entre pájaros insolentes y la lluvia intermitente que humedece las banquetas, se cuela el canto de Julieta Venegas. Son mis nuevos vecinos: unos de tantos que ocupan las habitaciones de esta estadía provisional.
Me he instalado por unos días, mientras me sacudo los bochornos del Cono Sur y los sentimientos encontrados que dejó mi partida. Pronto comenzaré a visitar —con puntualidad de cazador— los departamentos donde podría quedarme por una temporada más prolongada.
“Qué lástima, pero adiós, me despido de ti y me voy”, la tijuanense canta a lo lejos, desde los parlantes de quienes, entusiasmados como yo, aún son jóvenes, al menos en el alma. En el cuerpo, en cambio, yo me siento cada vez más con los años a cuestas… aunque no lo parezca.
Y sí, me voy: como siempre me he ido, y como siempre he regresado.






