En Floricanto, hoy, se leyeron, claro, letras. Y sabemos que llovió, por vivir en la ciudad, los que vivimos en ella; y lo sabemos, pues, porque escuchamos y carecemos de inmortalidad, por ser el digno sentido. Pero más sabe de la lluvia quien la ha visto y se ha empapado de ella; más sabe de ella ese Quién del cual hablo, que el viril que ha decidido aposentarse, triste, hoy, en su aposento.
Gusto en conocerte, aunque ya te había conocido hace dos años en unas Fiestas del pitic. Tú bailabas como exorcisado y yo me acerqué y te dije: "Wey, ¿no te acuerdas de mí?"
ResponderEliminarEn verdad no te conocía ni tú a mí en esa ocasión, pero fue uno de mis actos extraños, de esos que trato de hacer a diario por no dejar. Qué curioso. Erasmo me lo recordó hoy.
Ese acto vendría siendo quizá un "recuerdo del porvenir" o un vislumbre o trozo de un futuro que ahora es presente.
ResponderEliminar!Un abrazo, me dio mucho gusto conocerte!
Saludos a estos dos privilegiados por la lluvia... de agua, luz y la palabra.
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