El mundo se incendia cada amanecer
Pero los días son himnos de la muerte,
E incautos les rendimos pleitesía
No trato de encomendar a un Dios fatuo
Sólo deseo un mundo limpio
¡Vaya ironía del sonriente!
La noche ya no es el temor
De los fantasmas que embisten,
El día se tiñe de ausencias
Tampoco he de sentirme comprometido
Porque ya no queda corazón,
Y el mundo ya no me duele