sábado, marzo 14, 2026

 MÚSICA PARA UNA TARDE NUBLADA

Confieso que rara vez escucho música clásica, aunque no me vendría mal.
Me puse a reflexionar en que, de cada diez taxis a los que me subo, en siete u ocho se impone el mismo ritmo. Buena parte de los oídos actuales parecen estar enajenados, zombificados, bajo el dominio de lo monotemático.
Sin embargo, hoy me topé con una excepción: un señor que escuchaba música clásica.
—¿Música clásica? —le pregunté al chofer.
—Sí, para relajarme —me contestó.
La tarde era nublada y lo suficientemente estimulante, aunque ligera, como para dejarse acompañar de ella. Llego a sospechar que la historia no es lineal, sino cíclica, y que vivimos tiempos en que las excepciones —como este viaje— son cada vez menos frecuentes.
Lo cierto es que no siempre se avanza; al contrario, nosotros retrocedemos.
Reina una especie de "tiranía de lo uniforme" en la que abundan las copias, no solo en la música, sino en muchos otros aspectos de la vida.
Sucede que lo que busca un camino propio, genuino, simplemente se vuelve invisible para un sector de la masa.
La gran contradicción aquí es clara: la ruptura de los moldes no parte precisamente de una posición acomodaticia, obediente o predecible, ni de una fórmula tan vacía como la que impera en el presente.