viernes, abril 17, 2026

 La noche como territorio:

PALABRAS EN CAÍDA LIBRE DE PABLO ALDACO

Por Ramón Cuéllar Márquez

Pablo Aldaco siempre está explorando con la palabra como escudo y como espada. Desde la música, como cantante y compositor, siempre logra atraer con sus letras, pero con su poesía establece su reino de significaciones ante sus lectores.


Además, es un gran conversador que nos ofrece siempre la oportunidad de escucharlo desde sus idearios, sus sentidos amplios del instante en la realidad.


A él le interesa y le gusta la realidad, aunque esta esté a veces revestida de la oscuridad en tiempos terribles. Pero justamente por eso es poeta, porque puede viajar entre las tinieblas y apuntar con su linterna a quienes caminan a ciegas.


Él ha escrito un nuevo libro, “Palabras en caída libre”, que bien nos evoca el precipicio al que los vates se exponen cuando se lanzan a la nada en busca de claridad, de luz, pero sobre todo de precisiones estéticas o de poesía que cabalgue hacia el llano de nuestros pensamientos.


Los aforismos —poesía en realidad— presentados en este su libro construyen una visión del mundo donde el ciclo día-noche deja de ser un fenómeno natural para transformarse en un entramado simbólico de la experiencia humana.


No se trata solo de luz y oscuridad, no, sino de modos de habitar en esa realidad a veces tan elusiva: uno regido por la exposición, la actividad y cierta superficialidad que nos agobia en la vida diaria, y otro por la introspección, el riesgo y la creación poéticas.


En ese sendero, la voz poética no observa desde afuera, sino que participa, se inclina y toma partido con nosotros. El día aparece en varios momentos como un espacio de desgaste o de límite. Vaya, pues, no es negado, sí relativizado.


La idea de que “no solo se funciona de día” introduce una crítica a la lógica utilitaria que privilegia lo visible, lo productivo y lo socialmente validado.


Frente a ello, la noche se erige como un territorio alterno: más libre, pero también más exigente. No es un refugio romántico sin tensiones; al contrario, impone reglas rigurosas y demanda una forma distinta de atención.


En esta poética aldaquiana, la noche no es pasividad, sino intensidad, es el momento en que emergen las musas, donde el pensamiento se afina y la sensibilidad se vuelve más aguda porque es capaz de quitar las telarañas de la vieja casona de la eternidad.


El poeta aparece entonces como una figura liminal: alguien que habita cuando los demás duermen, que crea en el margen, protegido, también expuesto por las sombras. La imagen no es nueva en la tradición literaria, pero aquí adquiere una tonalidad particular al combinarse con elementos más instintivos: la fiera, el cuervo, el vampiro.


Lo nocturno no es solo intelectual, es también corporal, casi animal. Esta dimensión instintiva introduce un matiz importante: la noche no solo libera, también confronta. El sujeto que vaga libremente corre el riesgo de despertar sombras, y termina por reconocer que no hay enemigos externos, sino proyecciones de sí mismo.


Así, la oscuridad funciona como un espejo radical, pues nos deslumbra con su manto nocturno. Lo que en el día puede diluirse en la distracción o la rutina, en la noche se vuelve nítido, incluso incómodo. De ahí que el insomnio sea descrito como piel de fiera: no descanso, sino estado de alerta.


Sin embargo, la oposición no es absoluta. El amanecer irrumpe como una fuerza que restablece el orden, que determina la supervivencia. La noche, por intensa que sea, no puede sostenerse indefinidamente porque siempre hay un amanecer, pero no olvidemos que la luz es hija de la oscuridad.


De ese modo, introduce al amante de la noche que contempla el día no como redención, sino como una especie de pérdida. El regreso a la luz implica abandonar un espacio de autenticidad, aunque también signifique volver a lo habitable.


Estos aforismos de Pablo Aldaco, en conjunto, delinean una ética implícita: aceptar la noche no como evasión, sino como parte necesaria de la experiencia humana que busca el sentido en el instante.
Cobrar, digamos “amistad”, implica asumir sus riesgos y aprovechar sus posibilidades, como escribir, pensar, crear, cantar. La luz, por su parte, no desaparece, sino que se redefine.


No es solo el sol diurno, sino una capacidad interna, que brille lo que se mira. Con ello, la dicotomía se desplaza del exterior al sujeto, el mundo se vuelve uno mismo. Así, más que una simple colección de imágenes, el libro propone una forma de estar en el mundo.


La noche deja de ser ausencia de luz para convertirse en un espacio de revelación, donde lo humano se muestra en su dimensión más compleja: creadora, temerosa, lúcida y, sobre todo, consciente de sus propias sombras.


Link del libro físico disponible en línea: Palabras en caída libre

martes, abril 07, 2026

 MUJICA: IDEALISMO Y ACCIÓN

Esta biografía, que recomiendo, es el libro que me acompañó en mis viajes por Latinoamérica más recientes.
José Mujica pasó a la historia por ser demasiado humano. Cumplió con el deber griego de ser, además de un gran Jefe de Estado, un pedagogo y un filósofo popular, pero profundo.
Porque, claro, la política es acción y no solo idea ni palabra bonita; ni idealismo ingenuo, sino idealismo en acción. La pedagogía activa desde la máxima magistratura de un país es una responsabilidad que muchos pasan de largo. Sin ideas tampoco hay acción. La política, bien entendida, es idea y acción
Fue guerrillero de los Tupamaros, tomó las armas por una causa aparentemente perdida y vivió en prisión casi 15 años en un aislamiento extremo porque, según él y en sus propias palabras, "le faltó velocidad". Al salir de prisión, aprendió que el plan de una venganza no valía la pena, por razones que la sabiduría popular podría evocarnos.
En un tiempo en que la mayoría de los llamados actores políticos no son precisamente pedagogos, sino demagogos —que es algo muy diferente—, o tecnócratas y simples pragmáticos, su figura se agiganta.
Otros, de todos los colores, se la pasan en el baile de las máscaras del oportunismo y de la publicidad mezquina, su tierra fértil para pescar beneficios personales y comprar, al final, a precio barato, la voluntad de sus electores.
Incluso los "menos malos" dicen ayudar con algunas obras o ciertas buenas acciones, mientras al mismo tiempo enriquecen sus bolsillos de manera desproporcionada e inhumana.
Si se hace un análisis por demás elemental, su patrimonio no suele coincidir en absoluto con su carrera política. Viven en las zonas más lujosas e inalcanzables de sus pueblos mientras una gran cantidad de "sus gobernados" vive al día, traicionando de manera descarada los más altos principios de los proyectos originales que los pusieron en sus cargos.
Son esta clase de personajes y figuras como Pepe Mujica los que pasan a la historia, sean de derecha o de izquierda. No podemos ser fanáticos ante figuras excepcionales que también se han dado en el caso de la ideología contraria del mencionado.
No es simple carisma facilón ni fabricado por publicidad al mejor postor, sino un genuino deseo —cada vez más escaso— de mejorar las cosas en el mundo.
El presidente López Obrador lo admiraba mucho. Lástima que queden muy, muy pocos. Pero aunque pocos, mientras existan —porque la buena noticia es que existen y seguirán existiendo— la lucha por mejorar los asuntos públicos y elementales de la vida y la sociedad, valdrá la pena.

lunes, abril 06, 2026

 DESPUÉS DE LA PANTALLA.

Están apostando a que el futuro casi único e inevitable será el de los "milagros" de la IA, con todos los riesgos que ésta conlleva —sobre todo en materia de privacidad, gestión de datos y, encima, la preocupante falta de regulación legal, especialmente en el continente americano—; sin embargo, también olvidan que una buena parte de los ciberusuarios está realmente cansada de un mundo virtual cada vez más simulado —pensemos en cuántas veces al día usamos las redes solo por inercia—, y que bastarían unos pocos detonantes más para que la gente vuelva, al menos de manera parcial, al cara a cara, a las reuniones sin celular por unas horas, a un uso del tiempo más sano. No se trataría de abandonar por completo las redes sociales ni el internet, sino de vivir el tiempo de una manera más equilibrada.