“Ficciones” puede
llevarnos a la creencia firme de que lo fantástico es cosa seria.
Basta analizar los argumentos que el propio autor da a conocer con su
pluma. Es preciso resaltar los enigmas del gusto de Borges por las
ciudades o mundos ocultos, que sólo pueden existir en una mente que
vaya más allá de una realidad cotidiana percibida por muchos como
la única existente. Da vida en el cuento inicial del libro, Tlön,
Uqbar, Orbis Tertius a
tres mundos donde “a veces unos pájaros, un caballo, han salvado
las ruinas de un anfiteatro”; donde el idealismo es cosa seria y el
sentido del tiempo concebido por sus habitantes niega al espacio como
su espejo.
Cuando
hojeé por primera vez este libro, quisiera decirlo sin complejo
alguno, no poco me inhibió su prosa, debido a la sobrecarga de
fineza y complejidad de la cual está dotada. Incluso en algún
momento pensé si iba a poder terminarlo, ya que también pensé que
iba a aburrirme. Sin embargo, dudé, le hallé el modo, como se le
halla de igual forma al vino con los años, por fin pude entender lo
suficiente como para creer en la bondad esporádica del ser humano y
es esta frase donde, considero, se define lo planteado: en algún
punto de la tierra hay un hombre de quien procede esa claridad; en
algún punto de la tierra está el hombre que es igual a esa
claridad. El estudiante del segundo cuento, El
acercamiento a Almotázim ve
o quisiera ver reflejado en la gente que aborrece un pequeño soplo
de luz para así adoptar la idea de que no todo está perdido o “nada
humano le es ajeno.
En
Pierre
Menard, autor del Quijote llama
la atención el concepto “anacronismo deliberado”. Minimizar El
Quijote de Cervantes y engrandecer el de Menard puede resultar, en
primera lectura, dulce y amargo. No obstante, esto me lleva a
imaginar con verdadero placer, una nueva Biblia del siglo XXI,
literariamente superior a la que conocemos. ¿O qué tal una nueva
versión de Las flores del mal de Baudelaire, inspirada en un fervor
subversivo del opio, o en algún esplín novedoso de alguna ciudad
del tiempo moderno digna de inspiración y tedio? Podría ser. Si la
cuestión de lo fantástico es ir más allá, deberíamos considerar
a la literatura como “una reinvención del pasado”.
Ruinas
circulares describe
el amor de un padre por su hijo, el sueño visto como una realidad;
la realidad vista como un sueño. Es un juego donde la vida es un
espacio etéreo. Algo místico. El fuego es descrito y no quema, mas
no deja de ser un elemento natural cercano a la esencia del
fantasma.
Pausa:
me pregunto la razón por la cual Borges no aborda igual a la mujer
que al hombre en este libro. Es evidente que al segundo da más
privilegio.
“La
lotería de Babilonia” describe
una lotería fuera de lo que conocemos hoy en día. Sus jugadores se
exponen al peligro, y ante la amenaza desafiante de la rudeza de sus
reglas, algunos de ellos prefieren la Cárcel a La Compañía, que
viene siendo una especie de mafia a la cual, muchas veces es
necesario negar a través del recurso de la huída existencial: De
esa bravata de unos pocos nace el todopoder de la Compañía: su
valor eclesiástico, metafísico. En todo caso era una especie de
Inquisición necesaria, según Borges. Creo que está en lo cierto.
Imagino a La Compañía como a un dios que nos vigila.
Si
la obra de de Herbert
Quain es
criticada con dureza por el gran autor argentino, esto no quita la
pasión que le dedica ni los aciertos que le atribuye. En este relato
la humildad de Borges y hasta el conocimiento sus limitaciones se
evidencian. En clara alusión a la influencia de éste ejerció sobre
él, concluye: cometí
la ingenuidad de extraer Las ruinas circulares, que es una de las
narraciones del libro El jardín de senderos que se bifurcan.
La
biblioteca es un hexágono, también el universo mismo. En La
biblioteca de Babel ningún
libro es igual. Para el relator “no había problema personal o
mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono”.
Cada sabia verdad leída, pues, era y es el antídoto para el
suplicio del quejoso. Si la biblioteca, como dice Luis Borges es
vida, chispa, brillo, considero, no hay razones para morir
pronto.
El
origen de la historia
El jardín de los senderos que se bifurcan, posiblemente
la más elevada de Ficciones es
bélico. El protagonista goza de la idea de huída y de victoria,
pese a cualquier inconveniente que pueda mermar sus planes de
valiente guerrero. Ts'ui Pén, su antepasado, así como pudo ser
humano, ahora para su recuerdo es un “jardín de senderos que se
bifurcan”, un ajedrez que es acertijo del tiempo: “-Precisamente
-dijo Albert-, El jardín de senderos que se bifurcan es una enorme
adivinanza, o parábola, cuyo tema es el tiempo; esa causa recóndita
le prohíbe la mención de su nombre”.
Por tanto, aquí se delata la esencia de la obra.
Funes
el memorioso
adolece
de un sentido de la temporalidad que puede considerarse virtuoso o
no, según el contexto en que deseemos situarle. Dotado de una vida
llena de símbolos y de belleza perceptiva, va de las palabras hacia
un proyecto de confabulación, hacia todo elemento abstracto. La
obsesión fue su compañía hasta el día de 1899 en que muere de
neumonía.
Se
narra en La
forma de la espada una
metáfora en la cual un hombre transcurre, básicamente en dos
tiempos fundamentales: el presente y el pasado. La mención de la
cicatriz como un gran recurso de obra de arte me remite a mi vida
personal: en mi mano vive una que jamás podrá borrarse; a la vez,
es un recuerdo nostálgico de dolor y un suceso. Esta prosa confirma,
una vez más, la incesante capacidad que Borges nos heredó. Acá
sigue con nosotros, es una pieza, y lo digo sin ánimo intencional de
adulación.
CONCLUSIÓN:
Este
libro deja en mí una sensación de prevalencia universal y no
quisiera redundar ni hacer honor al cliché, no obstante la ligereza
en “Ficciones” se ve ausente durante toda su lectura. Cada pasaje
es cultura, nombre, referencia, antorcha, metafísica, música,
teoría, fantasía, devenir y genio.