martes, abril 07, 2026

 MUJICA: IDEALISMO Y ACCIÓN

Esta biografía, que recomiendo, es el libro que me acompañó en mis viajes por Latinoamérica más recientes.
José Mujica pasó a la historia por ser demasiado humano. Cumplió con el deber griego de ser, además de un gran Jefe de Estado, un pedagogo y un filósofo popular, pero profundo.
Porque, claro, la política es acción y no solo idea ni palabra bonita; ni idealismo ingenuo, sino idealismo en acción. La pedagogía activa desde la máxima magistratura de un país es una responsabilidad que muchos pasan de largo. Sin ideas tampoco hay acción. La política, bien entendida, es idea y acción
Fue guerrillero de los Tupamaros, tomó las armas por una causa aparentemente perdida y vivió en prisión casi 15 años en un aislamiento extremo porque, según él y en sus propias palabras, "le faltó velocidad". Al salir de prisión, aprendió que el plan de una venganza no valía la pena, por razones que la sabiduría popular podría evocarnos.
En un tiempo en que la mayoría de los llamados actores políticos no son precisamente pedagogos, sino demagogos —que es algo muy diferente—, o tecnócratas y simples pragmáticos, su figura se agiganta.
Otros, de todos los colores, se la pasan en el baile de las máscaras del oportunismo y de la publicidad mezquina, su tierra fértil para pescar beneficios personales y comprar, al final, a precio barato, la voluntad de sus electores.
Incluso los "menos malos" dicen ayudar con algunas obras o ciertas buenas acciones, mientras al mismo tiempo enriquecen sus bolsillos de manera desproporcionada e inhumana.
Si se hace un análisis por demás elemental, su patrimonio no suele coincidir en absoluto con su carrera política. Viven en las zonas más lujosas e inalcanzables de sus pueblos mientras una gran cantidad de "sus gobernados" vive al día, traicionando de manera descarada los más altos principios de los proyectos originales que los pusieron en sus cargos.
Son esta clase de personajes y figuras como Pepe Mujica los que pasan a la historia, sean de derecha o de izquierda. No podemos ser fanáticos ante figuras excepcionales que también se han dado en el caso de la ideología contraria del mencionado.
No es simple carisma facilón ni fabricado por publicidad al mejor postor, sino un genuino deseo —cada vez más escaso— de mejorar las cosas en el mundo.
El presidente López Obrador lo admiraba mucho. Lástima que queden muy, muy pocos. Pero aunque pocos, mientras existan —porque la buena noticia es que existen y seguirán existiendo— la lucha por mejorar los asuntos públicos y elementales de la vida y la sociedad, valdrá la pena.

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