El Sol

jueves, enero 29, 2015

La sombra que persiguió a Mujica

Por Pablo Aldaco / Dossier Politico
Dia de publicación: 2015-01-28
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No obstante que es un hombre de escasos recursos económicos, es un hombre poderoso. A pesar de su descuido de imagen, los reflectores del mundo entero están sobre él. Un político ciudadano, de 79 años, que tiene como práctica ejemplar la austeridad. Hablo de ese viejito del Volkswagen, el que llega a despachar con chanclas comunes de casa; el de la sencillez, el de la honra, el de la ética. Un político que muchos mexicanos quisiéramos tener. Un filósofo de alto calibre que, desde que ejerció el poder, ha sido consecuente. Un ateo, aunque no blasfemo. Sí es, y mucho, en sus propias palabras, un amante de la naturaleza, un panteísta.
Pero una sombra lo persigue. Según un puñado de ciudadanos a los que pregunté, en mi visita a Uruguay, qué opinaban de su presidente, todos coincidieron en que es “un gigante”, “un hombre sin precedentes en toda la historia política del Uruguay”, de esos que se dan cada cien años. Pero siempre hay un pero. ¿Cuál ha sido el problema? La gente que lo rodea, contestaron. Es decir, con todas las letras, su gabinete. 
Y aquí viene la dificultad, queridos lectores. ¿De qué forma puede dársele un voto de confianza a alguien en quien uno inicialmente confía, sabiendo que cuando se le brinde poder puede corromperse y fácilmente traicionar a su jefe y máximo aliado?
Es de humanos errar, pero a final de cuentas el único responsable de los errores de su gobierno es el mismo presidente. ¡Vaya hazaña la de ocupar un cargo tan importante!
En las últimas elecciones su partido volvió a ganar. Pero ya no será él quien tome las decisiones, sino un ex presidente, Tabaré Vázquez, quien ya tuvo la experiencia de gobernar el país de 2005 a 2010.
Revisando un poquito la historia, no hay que olvidar que Mujica fue un guerrillero que estuvo aproximadamente 15 años en la cárcel. Un rebelde de América Latina, con aspiraciones de cambiar el mundo.
Recibió seis balazos, fue torturado una y otra vez, hasta más no poder. Fue encarcelado en cuatro ocasiones y aun así siguió de pie. Joven de fugas y de peligrosas “travesuras” con causa. Ya en su mandato, inauguró una clínica en la misma cárcel en donde fue torturado. En lugar de tomar venganza, dio margaritas a los cerdos. 
Mujica, el más creyente de los ateos. ¿Y en qué cree? ¿En un supuesto Dios que arroja bendiciones y maldiciones desde un cielo lejano y tortuoso? No. Cree en las obras. Tiene fe en la utopía de “salvar el mundo”. Una abogada defensora de un ex preso de Guantánamo, dijo algo que resume en gran parte la labor humanista de Mujica: “La compasión de Mujica terminó con la tortura”. Y es que en diciembre de 2014, seis ex presos políticos de aquella base estadounidense, algunos de los cuales estuvieron en huelga de hambre, fueron recibidos en Uruguay.
A pesar de un gabinete irregular, que el pueblo conoce, responsable de pifias, corrupción y otras tropelías, no hay duda de que tanto el gobierno en general, como el propio Mujica, pasarán a la historia. Mujica será recordado siempre como un grande por su filosofía llevada a la práctica del orden público.
Recordemos su más reciente conferencia, de fuertes palabras, ante la ONU. Nada más y nada menos que la organización más poderosa; ahí, donde se decide, a secas, el porvenir de la economía del mundo. Esa organización que tiende a disfrazar de altruismo y de benevolencia todo lo que le convenga con tal de beneficiar el bolsillo de una minoría.
Como último dato: según la Organización para la transparencia Internacional, Uruguay ocupa el 21 lugar en percepción de índice de la corrupción, entre 173 países. Una buena noticia. Todos merecemos un gobierno igual o mejor que éste.

Mujica se aleja del poder a descansar en su humilde casa, a reposar después de su ajetreada agenda que, a pesar de su avanzada edad, mantuvo por muchos años, y con muchos cojones.

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