El Sol

lunes, julio 06, 2015

El mayor defecto de la izquierda

Por Pablo Aldaco / Dossier Politico

Dia de publicación: 2015-07-05

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Es loable la máxima que Andrés Manuel López Obrador sostiene con frecuencia: "Ser de izquierda es ser honesto y tener buenos sentimientos". Esa es la síntesis, que se combina con la exigencia de dar prioridad a lo colectivo y ahuyentar el individualismo, responsable, entre otros factores, del deterioro social que se vive a lo largo del mundo por la falta de conciencia.
Es tiempo de dejar de dividir "derecha" e "izquierda", "yo el bueno, tú el malo". "Tú negro, yo blanco". Abandonar la doctrina del maniqueísmo en la teoría y en la práctica. El sistema nos ha entrenado desde tiempos antiquísimos para caer en la trampa de la dualidad, para su propio beneficio.
El gran problema de algunos personajes de izquierda es que, cuando no están en el poder, su mal tino predomina y los desprestigia; sobre todo, debido a una excesiva y terca crítica, o ataque, a los políticos en funciones; una crítica muchas veces repetitiva, terca, automática; mas, algunas veces, con una intención legítima. El problema radica en la violencia del discurso, en contraste con la vehemencia del discurso. De la violencia a la vehemencia: son dos cosas distintas.
Es verdad que, desde hace décadas, el país ha sido manejado por personas sin valores, deshumanizadas y peor aún, terriblemente corruptas y siniestras, peligrosas. Imposible no juzgarlos ni llamarlos por su nombre.
La crítica constructiva está divorciada del ataque al otro. Este último devela clara y llanamente los sentimientos, pasiones, quejas y fijaciones hacia los adversarios. Es plenamente subjetivo. La pasión sin una cabeza fría lleva a los políticos a sobrepasar el muro de la difícil concordia.
Y eso sí, hay de ataques a ataques; está el ataque burdo de la fuerza bruta y el ataque del poder de la palabra. Y, !claro! ¿Cómo demonios no perder los estribos cuando uno de los países más ricos del mundo en recursos está siendo explotado de manera vil? El dios dinero reina en los grises corazones de los políticos sin escrúpulos, generación tras generación. Entonces... ¿cómo serenarse, cómo reclamar en el estrado, cómo nadar contracorriente desde la oposición, de qué manera denunciar los atropellos, las fechorías, las mentiras de nuestros gobernantes? No se trata de ser "blandito", sino de que el cuestionamiento sea frontal, con argumentos, desde una raíz bien sembrada.
No, no es tiempo de callar, pero gritar por la justicia puede ser un arte que el orador debe conquistar, si quiere que su mensaje, más allá del protagonismo, sobresalga y tenga efecto.
La política es como el teatro serio, todo depende del talento y la capacidad del cerebro de cada político.
Sin embargo, lamentablemente, la Cámara de Diputados es, casi siempre, una especie de circo, y no un teatro limpio, con actores de carácter y preparación.


Comentarios: pabloaldaco@gmail.com

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