El Sol

viernes, julio 03, 2015

La noche que se expande

De Pablo Aldaco

Presentación de Francisco González Gaxiola

Encuentro Hispanoamericano de escritores, Horas de Junio

Hermosillo, Sonora
3 de junio de 2011.

La poesía es la esencia de la literatura dicen los formalistas rusos. Lo sabíamos antes de que ellos lo dijeran. Simplemente por intuición. También por esa razón sabemos que la poesía no se lee como narrativa, ni como drama, ni como ensayo, aunque tenga tanto de todos ellos. Se descubre poco a poco, a la manera como los temas musicales en una sinfonía se van conociendo y reconociendo y degustando paulatinamente hasta extasiarnos en ellos. La poesía es para leerse y releerse, sobre todo los textos a los que Roland Barthes llama escribibles, los que piden la participación activa del lector para que se concreten y adquieran existencia real en el oído, el corazón y la conciencia de una persona. Por supuesto que si uno no siente el eco, difícilmente se comprometerá. Pero incluso así habrá que buscar y explorar la secuencia de sonidos, o la extraña asociación de ideas, las figuras metonímicas, incluso aquellas relaciones que en un principio pueden parecernos estrafalarias, y así hasta llegar a toparnos de frente con un algo, con un no sé qué, un extrañamiento, convertido en una chispa que nos conduce a la epifanía.

La poesía de buena parte del siglo XX fue poesía experimental y buena parte de esa literatura se alejó de la racionalidad como principio, y se atrevió a escudriñar las asociaciones oníricas, ilógicas, irracionales, asociaciones para nada comunes; a ellas finalmente se añadió una agresividad en el sonido, en el sentido y en la estructura sintáctica. Toda esa caracterización suele ser ahora equiparada al lenguaje de la esquizofrenia. La similitud entre uno y otro discurso la propuso, entre otros, Jean Cohen, quien afirma que la poesía de ahora va en contra de la gramática y en contra, eso es importante, en contra de la función comunicativa ordinaria del lenguaje. Son otros tiempos, escuchamos por ahí, con frecuencia, para tratar de explicar lo novedoso. En la poesía de estos dos últimos siglos efectivamente hablamos del signo de los tiempos, la metonimia sin nexos causales, las metáforas descabelladas, la discontinuidad en las imágenes, la ausencia de unidad temática, la marginalidad, entre tantos otros puntos, característicos del postmodernismo.

Lo que a continuación expongo sobre la poesía de Pablo Aldaco es una experiencia de lectura personal, la cual la declaro ante ustedes con el objetivo, o mejor, con la esperanza de que coincidan conmigo cuando lean estas composiciones poéticas de La noche que se expande.

Mi primer encuentro con Aldaco, lo declaro con mi franqueza norteña, no fue simpática. A Pablo lo conocí indirectamente a través de un poema que el lic. José de Jesús Navarrete Aragón me hizo llegar para que lo criticara, según me solicitaba, que lo criticara con toda franqueza posible. Ese poema, que recibí vía correo electrónico, no me gustó y se lo dije. Me parecía artificial, pedante, ejercicio exploratorio cuando más. Le externé mi comentario a mi amigo. No concordamos y no encontré el momento dialéctico para mudar de opinión. Esto ocurrió hace ya alrededor de cinco años. Hoy esa opinión que de Pablo tenía ha cambiado mucho.

En lo referente a su poesía de éste su nuevo libro, les expongo lo siguiente. Sus características temáticas y con ellas quiero decir aquéllas ideas que en lexemas se repiten, son un leit motif, se adhieren a un campo conceptual: obsérvenlo ustedes en la siguiente secuencia: aire, viento, agua, mar, olvido, ausencia, silencio, sombra, eco, misterio, noche, sueño, nube, humo, llama, vacío. Si se detienen un momento a pensar, todos estos substantivos constituyen el campo semántico del fluir, del deslizarse, es decir, de lo intangible.

Desde una perspectiva semántica, la síntesis de lo que hay que decir, el epítome del contenido tiene muchas maneras de presentarse. Tenemos el adagio, el proverbio, la frase célebre, también el haikú. Muchas de las composiciones de Pablo me recuerdan ese género por su brevedad, síntesis, precisión y claridad. Las formas de la brevedad son riesgosas porque con facilidad suelen estacionarse en lo cursi o en el lugar común. Pero cuando son atinadas esos poemas nos deslumbran. Ellas tratan de imágenes plásticas como en el idilio del paisaje, o es la toma de conciencia de instantes irrepetibles, incluso historias y dramas dibujados mediante dos o tres rasgos, el resto lo tiene que poner el lector. En este sentido, el logro poético se adquiere con manejo severo, estricto, de los trazos fundamentales que constituyen esos significados. Tres o cuatro pinceladas como asociaciones metonímicas, son suficientes para el pintor cuando reproduce un paisaje (estoy hablando aquí por supuesto del impresionismo) y a través de él nos proporcione una ilusión vaga pero que cuando la recibe el lector la construye nítida en su mente. Un ejemplo.

Permanencia

Y yo que me creía abandonado,
mártir de la soledad,
espécimen.

Y ahora con el debido compás
vuelves:

mi canto es fuerte.

En este poema alcanzo a percibir dos etapas. Una primera se refiere a la fase del desamor, cuando el amante se da a la desesperación, la autocompasión, “mártir de la soledad”, dice el yo lírico. Espécimen, un objeto o reliquia abandonada un fósil incompleto, solitario. Así se ve. De repente el escenario vislumbra la conjunción estructurada de energías con su propio tiempo y ritmo. “con el debido compás”. Otro verso y cierra. “mi canto es fuerte”. Volvió la dialéctica del fluir y del correr. Como pueden ver en esta secuencia de versos: tres, dos, uno se dibuja una historia de amor, contada con sencillez y con una economía de trazos admirable.

Estructuralmente los metros y géneros que se presentan en La noche que se expande son variados. No podría comentar todos los que me han impresionado, sólo un par. Uno que me ha parecido sorprendente, es el trabajo de la prosa poética: poemas en prosa que nos recuerdan ipso facto a Baudelaire. En profundidad de sentido, nos encontramos con la poesía filosófica, en la que Santayana identifica a Lucrecio, Dante, Goethe. En estos poemas en prosa el autor se da la libertad de abordar preocupaciones de todos nosotros, son temas siempre presentes en nuestra preocupaciones humanas aunque no los expresemos. A veces se nos aparecen en las canciones de moda; allí se asoman esos temas como de contrabando. Estas reflexiones, pues, corresponden a tópicos de madurez, son poemas de reflexión, de sabiduría. Lo curioso aquí es que la juventud del poeta nos induce a pensar en una impostura intelectual o si no es así, y a esta opción me inclino, es a la manifestación de una sensibilidad poética extraordinaria que producirá mucha gran poesía todavía. Les pongo de ejemplo apenas unas líneas de su poema “Aves en vuelo”


Aves en vuelo
Sin la existencia del ave, el ser humano fuese poca cosa.
Plantémosle a nuestro ser nuestra existencia sin aves. ¿Qué sería de la imaginación sin el recurso del aire? ¿Quién lo volaría?

A mí me han parecido de sobremanera sorprendentes estos pensamientos, pensamientos que sólo encontramos en la poesía lírica profunda o en las disquisiciones filosóficas o en la poesía de reflexión, como la que he mencionado.

Y con este comentario termino. Refrendando lo que ya he dicho, esta poesía ya es grande. Este poemario La noche que se expande marcará una época de su producción. Y la poesía de Pablo seguirá creciendo y madurando y tendremos de seguro la dicha de leerla y volverla a leer.


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