El Sol

domingo, marzo 01, 2015

Sobre la reminiscencia y el dolor emocional.


1. f. Acción de representarse u ofrecerse a la memoria el recuerdo de algo que pasó, define la RAE.

Con evocar el significado de esta rebuscada palabra, podríamos aliviar al menos la desesperación por saber la causa de muchos temores "inexplicables" que de pronto se nos presentan.

El no estar conscientes de por qué nos sentimos ansiosos, tristes, deprimidos o desesperados -ya sea el caso- es sufrir doblemente.

Sucede que, por ejemplo, cada que salgo del cine, desde la infancia y hasta ahora, a mis veinticinco años, siento exactamente lo mismo: tristeza, angustia, sobre todo angustia.

El pasado se adueña del presente y nos despierta del sueño lúcido de vivir este último. Regresan, pues, como intrusos los "fantasmas".

Todo viene de las profundidades y el alma es un pozo intangible donde yacen abismos eternos, vacíos.

Por tanto la reminiscencia viene siendo, a resumidas cuentas, la repetición de un mismo sentimiento en una o varias circunstancias precisas que hemos guardado en la "lista negra" de nuestra memoria. Pero si identificamos esa "lista negra" de imágenes difusas, complejas, o hasta aveces por demás nítidas, tenemos la oportunidad de estrecharle una mano a nuestro amigo el fantasma.

II
Hay que sacar de paseo al niño

La niñez de cada ser humano está impresa para siempre. Por eso vivir como un niño es volar. La imaginación es un don que por gracia se nos dio a todos. Y, a determinada edad, ser un "niño grande" es ser un niño más consciente de las "trampas" que la cruda realidad impone.
Y en nuestra voluntad está el poder de atar el cuerpo a esta tierra por completo o sacar de vez en cuando a pasear a nuestro niño a los jardines más recónditos de nuestra primitiva ensoñación

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