Laureles, Medellín: la vida después de Buenos Aires.
En el barrio de Laureles, en Medellín, entre pájaros insolentes y la lluvia intermitente que humedece las banquetas, se cuela el canto de Julieta Venegas. Son mis nuevos vecinos: unos de tantos que ocupan las habitaciones de esta estadía provisional.
Me he instalado por unos días, mientras me sacudo los bochornos del Cono Sur y los sentimientos encontrados que dejó mi partida. Pronto comenzaré a visitar —con puntualidad de cazador— los departamentos donde podría quedarme por una temporada más prolongada.
“Qué lástima, pero adiós, me despido de ti y me voy”, la tijuanense canta a lo lejos, desde los parlantes de quienes, entusiasmados como yo, aún son jóvenes, al menos en el alma. En el cuerpo, en cambio, yo me siento cada vez más con los años a cuestas… aunque no lo parezca.
Y sí, me voy: como siempre me he ido, y como siempre he regresado.

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