Es la distancia con el otro conjugando el tiempo que reclaman los deseos
Es el amor a costa del suplicio, dejado expuesto en el lenguaje
Es ser con el otro, lo que no siendo puede serse
Amémonos con el instinto, viviendo fuera del cuerpo.
sábado, noviembre 01, 2008
Ya no tarda en oírse el murmullo de los niños, A la hora del café de los adultos, Cuando el pan se tuesta en la ausencia de sus almas
Ya no tarda en ocupar el sol la sombra más grande, Con su luz mitigadora y los sueños de Dios bendito, Que tanto ha hecho falta, tras su abrupta partida
Los astros del invierno incitan al cobijo, Veo vagabundear al viejo que nunca tuvo casa Y mi voz amenaza, con despertar el sueño.
Ibas a abarcar más tiempo, parecía Pero te has robado las palabras A punto extingue sus energías La noche que llama No ríes desde hace tiempo, Una laguna de ternura Nos conduce al vacío, Haciéndonos presente, La superioridad del arco que te funda.
Necesitados de la pasión, De la iluminación del tiempo, De la proclamación a la deriva
Ésta es la estancia leve del vivir, Tan ancha como nuestros veredictos, Confusa y convidante
¡Qué triste es errar y pensar que la vida es podredumbre! Vuelve la honda tristeza en nostalgia, Y te verás apaciguado, como el amanecer, Limpio a nuestros ojos
Aparte del silencio, hago un paréntesis. !Qué va, si ya fue mucho! Una imagen antes de partir. Extrañar Hermosillo es imaginar el próximo encuentro con sus calles y su gente. El Amor aguarda.
Inconsolable valle que afronta el tiempo difícil de la permanencia, Agudo campo donde nace un moribundo lecho de hastío E incita al pulcro lecho de la ventura a merendar la noche exquisita
!Cielos incitantes, suelos, corazón de nube! !Qué manera de belleza, qué ausencia tan dolida! Acá el grisáceo malestar se sublima con el ansia de la tierra Y vuelve, y vuelve y se desencadena, y ríe, y vuelve a ser trinchera.