El Sol

martes, septiembre 09, 2014

Dos viejitas

Madrid, España, Septiembre 2014

Dos viejitas conversan en la mesa de siempre desde hace cuarenta años, todos los días. Ellas me lo cuentan. Yo acudo por primera vez. La amistad es sagrada. Se trata del Restaurante Bar La Vera. Llego con mi guitarra y una maleta. Desayuno. Hay un piano de madera detrás de mí. El barman me atiende fabulosamente.

Un poco más tarde entra otra viejita. Me pregunta dónde está el servicio. Le digo que al fondo a la izquierda, bajando las escaleras. Me da las gracias. Pero una de las dos viejitas de la mesa de los cuarenta, me dice. "No digas a nadie que entra de esa forma dónde está el servicio". Yo le contesto que lo hago por compasión. "La caridad deja llena de mierda los baños a quienes por ella se les invita". La otra viejita no dice nada. Además, al regresar la otra de los baños, se acerca a la barra, se sienta y pide un desayuno. El prejuicio es un parásito social.


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