El Sol

miércoles, mayo 06, 2015





             


Joaquín Sabina en México: un juglar sin precedentes

El cantante vuelve a México, tras tres años de ausencia.
Por Pablo Aldaco / Dossier Politico
Dia de publicación: 2015-05-06

  

Nacido en Úbeda, España; de sangre andaluza. Un chico normal de provincia que, años más tarde, frente a  la fama y el éxito comentó que fueron meramente un accidente. Se ha vuelto una leyenda, ganada a pulso con canciones, música y poesía. Ha roto récords de presentaciones con lleno total en Argentina y su público en España no es menor.
Comenzó a ser conocido más o menos a sus treinta años; después de ser arrestado por tirar una bomba molotov a un banco, durante el franquismo, y huir a Inglaterra con un pasaporte falso. Su padre era policía y él mismo lo esposó, sobre lo cual ha declarado, “fue estrictamente cierto”.  A ese hijo rebelde, en barrios acomodados de Madrid, todavía las viejitas le gritan “¡rojo de mierda!”; según el libro biográfico Sabina en carne viva, escrito por Javier Menéndez Flores.
La mañana del pasado miércoles 29 de Abril, Sabina dio una muy amena conferencia de prensa en un lujoso hotel de la Ciudad de México. Las 11:30 a.m. era la hora anunciada oficialmente. Los periodistas llegaban poco a poco. Algunos buscaron asiento con mucha anticipación. Además de cubrir la charla, ¡eran fans! De manera que la emoción de  gran parte de los periodistas congregados, incluso un servidor, era tal como si esperáramos que se abriera el telón en un concierto.
Tras cuarenta minutos de retraso, ahí estaba el mismísimo Joaquín Sabina, bienvenido con aplausos. Un vaso de cerveza espumosa, su fiel acompañante. Lo bebió poquito a poco; cuando acabó con el vaso, la conferencia terminó.
“Llegamos cansados pero contentos, con el jet lag”, dijo el cantante y poeta, tras la lluvia de luces de flash.
Habló de todo; de su salud, la depresión, de política y hasta del Chicharito: Me tiene bien jodido, porque su gol eliminó a mi equipo favorito, el Atlético de Madrid. Pero me hace feliz que lo haya hecho un mexicano.
Cuando tocó el turno a quien escribe estas líneas, le dije: vengo como periodista y como cantante. Representé a México el año pasado en un concurso, en su tierra natal, Úbeda, Jaén. Fui elegido finalista. Contestó, “¡Ah, eres tú! Estaba enterado de ese concurso, su primo hermano lo organizó. Pero “El flaco”, como muchos le llaman, no pudo estar presente debido a que estaba en plena gira en Argentina. Después hice mi pregunta, ¿qué representa Úbeda para usted,  su tierra natal, cuando se sabe que, al mismo tiempo, es un madrileño de profesión? El cantautor, con calma, negó que fuera un madrileño de profesión. Después, habló de Úbeda y se limitó a precisar que es el pueblo donde nació y que, más que por otra cosa, se identifica con él por los años vividos en la infancia y parte de su adolescencia. Sin embargo, no es casualidad que se le llame “El genio de Úbeda”. Por cierto que, si usted no conoce Úbeda debería ir; es una pequeña ciudad reconocida como Patrimonio de la Humanidad.
El poeta respondió:
"Úbeda representa el terreno de la infancia. Bien es verdad que el terreno de mi infancia no es... siempre oigo a los poetas, a los cantantes, a los escitores, decir que todo viene de la infancia, que es el territorio mítico al que quieren volver, yo nunca.
Mi infancia era una ciudad de provincia, muy hermosa, pero con toda la grisura del último franquismo. Mi familia era una familia modelo desde el punto de vista de derecha, religiosa, puritana, yo lo único que quería era huir y eso hice cuando pude, a los 17 años, así que ni en una  en México, tan lejos, me hagan volver".
Sabina nació en el sur de España, pero después se mudó a  Madrid, a la que tanto ha cantado y elogiado en sus versos, canciones y testimonios.  Aunque estudió filología en Granada, hay dos himnos que exaltan la tierra que lo adoptó: Pongamos que hablo de Madrid y Yo me bajo en Atocha.
Las influencias musicales de Sabina son una tríada: Bob Dylan, Leonard Cohen y Tom Waits. La mayor de ellas es Bob Dylan, al que considera un gran maestro, un poeta que canta, y dice escucharlo todos los días. Del mismo modo, Joaquín Sabina es una droga para sus fans. Encuentran en sus canciones una historia para cada sentimiento, una melodía para cada estado de ánimo, “un hombro donde llorar”, letras que llenan el corazón de quien sabe escucharlas. 
La peculiaridad que caracteriza a Sabina es que es genio y figura. Un genio –a diferencia de un virtuoso o alguien con un talento “convencional”-- es un personaje que guarda en sí mismo algo único, extraordinario, como esa sustancia propia de una droga. De ahí, que existan los llamados “sabineros” y el término “sabimanía”. De manera que hay adictos a Sabina y quienes prefieren otra “sustancia”, según su modo de ver la vida y su muy personal forma de sentirla. No es sólo un cantante, un poeta o un artista. Es figura porque mucho de sus alegrías y fuertes tropezones, se ve reflejado con franqueza y sinceridad en su trabajo. Sus canciones hablan de la honestidad de un hombre que ha vivido todo.
“Quisiera preguntar cómo le sienta la fama, el estar rodeado de gente que quiere conocerlo, tomarse una copa con usted, todo eso”, se le preguntó, ya en el ocaso de la rueda de prensa. A lo que respondió: La fama es una mierda, lo que me gusta es la gloria.
Sabina dará conciertos desde el primero de Mayo, hasta mediados de este mes. El plato fuerte, cinco fechas en el Auditorio Nacional.

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