El Sol

miércoles, mayo 13, 2015

A mí me gusta entregar mi corazón sin ninguna gran expectativa: a mis amigos, a la gente que me parece que vale la pena y tal vez a gente que quizá necesite una sonrisa, cuando yo no la necesito. No espero que se me pague con la misma moneda. No soy para nada un santo. Pero el placer de dar me llena. Por desgracia hay quienes confunden a la gente sensible, sincera, como alguien débil o ingenua. Lástima por ellos y sus máscaras de barro!

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