El Sol

martes, julio 15, 2014

Fidel no es Cuba

Dos años después de la carta de despedida del Che a Castro, fue el mismísimo Fidel el que se encargó de facilitarles a los gringos las coordenadas donde se encontraba el guerrillero, para después, asesinarlo. El Che había decidido seguir adelante, "hasta la victoria", a otras fronteras de América Latina y había decidido su renuncia a la estabilización social sacudida por Batista, porque se comenzaba a instaurar una "anunciada calma" de una forma que acabó, tristemente, siendo peor que el gobierno anterior. Las últimas palabras del Che se dice, fueron: "Dispara, Cobarde". ¿El asesino? Mario Terán. Gracias al Che, el pistolero se hizo de su única fama. Sigue vivo, pero muy muerto del corazón.

Tras años de intensa vigilia y batalla; de pérdidas, y de gloria intuida, Fidel al fin logró su cometido. Se convirtió en el rey de la isla. En un monarca de su propio palacio y en un desdichado de su propio patio. Se hizo pasar por muerto. 


¿Y qué decir del avionazo de Camilo Cienfuegos?
¿Y de la pena de muerte aún vigente en Cuba?
¿Y de las Damas de Blanco, mujeres golpeadas en vía pública por los militares?

Mis propios ojos han visto cómo los policías tratan a su pueblo. Un extranjero es consentido, con ellos no hay problema.

Para que mis amigos cubanos pudieran pasar al hotel donde me hospedaba, simplemente al lobby, debían de disfrazarse o aparentar ser de otro país. De no ser así, los echaban sin misericordia. 
 Al cuestionarle a los policías el porqué de su arbitrariedad, ellos responden que "sólo cumplen órdenes".
A través de un radio, tras pedirles su carnet de identidad, se lo descifraban al del otro lado, para así mantener un buen control. Se dice que hay un expediente nada estrecho de todo ciudadano, con el fin de mantenerlos a raya. Un espionaje... la paranoia de Fidel. 

Ahora Fidel, desde hace más de cincuenta años, a sus 90 y pico, vive como los dioses en Punto Cero, un burgués exquisito, de vino tinto y palacio, mientras el pueblo cubano se conforma con unas cuantas migajas, bajo el sistema que el tirano impuso.

"Y a las barbas de la revolución,
le salían más canas cada día", ya lo dijo Joaquín Sabina.


No hace mucho se nombró al primer Vicepresidente de Cuba, Díaz Canel. La edad de los hermanos Castro sobrepasa al tiempo que, tarde o temprano, liberará a Cuba de la pesadilla.

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