El Sol

martes, julio 29, 2014

Seis años en la Ciudad de México




Antier cumplí 6 años de llegar solo al DF. Y digo solo, porque llegué solo, literalmente solo a una ciudad enorme, monstruosa, que con el tiempo he ido conquistando; sin familia, sin amigos, sin un vínculo afectivo de la ciudad que dejé atrás. Tal vez el único lazo era el de una tía, de la cual no sé nada desde hace algún tiempo, por razones meramente personales y éticas.


Yo no cabía en Hermosillo, ciudad donde nací. Por allá predomina el talento, pero no es suficiente para aspirar a lo que uno quiere lograr a pulso en específico. Me he propuesto llegar a la cumbre, y estoy en el camino.

Me considero una persona a la cual le gustan las grandes ciudades. Yo no podría regresar a Hermosillo a vivir de nuevo. 

La última vez que fui, decidí que volveré dentro de algunos años, para limar asperezas con mis orígenes, con el desierto, con el sol, que nunca abandonarán mis recuerdos.

Volviendo al tema, tenía 19 años y me vine a estudiar la licenciatura en actuación a Casazul Argos. En ese entonces había dejado la música, pero ella volvió a mí para decirme que la cosa iba por otro camino, aunque sé que algún día saldré por ahí en una película. Fui protagonista de un Cortometraje que nunca se difundió por la decisión y el perfeccionismo de la directora. Fue en vano. 

Tengo un asunto pendiente con demostrar -y demostrarme- al público mi faceta, aún desconocida, de actor. 

Lo que me motivó a estudiar dicha carrera, de donde deserté, fue que en la preparatoria fui, varias veces, el mejor evaluado de entre aproximadamente veinte alumnos. "El único que sacó 10 fue Juan Pablo", dijo el maestro. Entonces, después de actuar en algunas obras de teatro en la Casa de Cultura de Hermosillo, me dije a mí mismo !va! 

No fueron fáciles los primeros años. Tuve depresiones fuertes, nostalgia, desesperación, llanto. No era posible adaptarse tan rápido. Era imposible no decaer en el ánimo, después de haber vivido 19 años en una casa donde mi compañía era la familia.

Más tarde ingresé a la escuela de escritores de la SOGEM, donde aprendí mucho el año y medio que estuve. Nunca he sido un chico de academia. Sigo siendo un autodidacta. 

En 2009 di mi primer concierto en el Café 22 de la colonia Condesa, donde viví varios años. A partir de ahí con o sin altibajos, no he parado ni pienso parar. 

Siento que este es mi momento, que he madurado, que ya no soy aquel adolescente "el hijo de...", "el chamaquito", aquel que declamaba poesía en un rancho grande, que desde los 15 años se enfrentó a las grillas típicas del gremio literario chovinista. Pueblo chico, infierno grande. Nadie es profeta en su tierra. 

Ahora me he ganado a pulso un espacio. Por allá habrá algunos que piensen que mi vida ha sido fácil, que todo se me ha dado en la boca. Pero como no acostumbro perder mucho el tiempo, ni tengo que dar absolutamente ninguna explicación de nada, les digo que no sólo de pan vive el hombre, y que hay varios tipos de sufrimientos en el corazón del ser humano. 

Recuerdo una vez que un ingenuo me dijo "Es que tú tienes todo, tú no te has esforzado, a ti todo se te ha dado". Esa persona, que siempre se lamentó de sí mismo, que siempre se autocompadecía, desconocía que el sufrimiento, más allá de las comodidades materiales, existe de igual manera en aquellos "hijos de papi" o "hijos de mami". Se cierra el caso.

Hoy vivo solo en un departamento, sin tener que rendirle cuentas a nadie, más que al público, a mi familia y a mis amigos. Mi familia vive lejos.

He ido logrando, poco a poco, mucho a mucho, lo que me he propuesto, y cuando llegue el día, sabré que habré cumplido todos mis sueños, mis anhelos... !perdonen lo cursi!, pero es así. 

La Ciudad de México me sonríe y el libro inmenso de mi vida, seguirá abierto.

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